Diez ideas (estimulantes) sobre Twitter, selfies e intimidad

Mejor que indignarse es ponerse a pensar sobre el sentido profundo de una proliferación de imágenes y discursos que reescriben nuestra percepción del mundo, plantea Nicolás Mavrakis en _La utilidad del odio_ (Letra Sudaca). Unos destacados para invitar a leerlo completo.

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“Hace falta tiempo para saber si la web materializó realmente los demorados sueños de las vanguardias políticas y estéticas del siglo pasado y si al fin las barreras burguesas entre el arte y la vida se derrumbaron y todos hemos podido convertirnos en artistas (una pena por los periodistas que completaron sus cursos de crónica para sentirse escritores). Por ahora esa es una fragancia con la que parece fácil impregnarse.”

2
“¿Quién podría negar que impugnar el derecho a la falta de talento, además de muy antipático, transformaría las redes sociales en algo aburrido? Imaginen las fotos de gatitos sin las epopeyas de amor escritas a sus pies. Piensen en esas “crónicas” sobre pasar la tarde con sus sobrinitos que las tías jóvenes y seductoras y sin hijos agregan a sus selfies ¿Y si ahí estuviera parte de nuestro futuro patrimonio?”

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3
“¿De qué se trató realmente Pokémon Go? El error de ese espíritu persecutorio y algo melancólico con el que el “mundo adulto” intentó explicar (sobre todo a sí mismo) el ya olvidado fenómeno de Pokémon Go, y que reprodujo ante la tecnología la misma sombra de quienes, a mediados del siglo XX, advertían sobre “los peligros del rock & roll “, es que no registró lo único evidente. Pokémon Go era un juego. Y en ese punto el error encierra su propia paradoja, porque al omitir la parte lúdica fue incapaz de ver la importancia cada vez más extensa que los juegos tienen más allá de los pasatiempos infantiles.”

Pokémon Go de mal en peor: en el primer festival, las mayoría de los participantes se quedó sin jugar.

4
“En Twitter (…), la más la más popular de las formas de positividad —la forma más trivial de la bondad— siempre fue la indignación. La indignación es la respuesta más cómoda e inmediata para cualquier conflicto: justifica cualquier parálisis intelectual y a la vez disimula la incapacidad misma del indignado. Es más, la indignación, además de dar una falsa sensación de superioridad moral y no poner nada en riesgo, puede también ser una profesión llena de sponsors. Pero la indignación – en sus distintas versiones: “esto es terrible”, “alguien tiene que hacer algo”, “Sumá tu apoyo a Change.org”, “comparto mi indignación con ustedes”— nunca está completa sin la denuncia ¿Y a quién se denuncia? En general , al que antagoniza con la indignación a través del señalamiento de una inconformidad. Se denuncia a aquel al que no le basta la indignación y, además, cuestiona su sentido.”

Aprendé:

5
“Donde probablemente la intimidad ya no esté ni pueda volver a estar —con la de Jennifer Lawrence en primer lugar- es en el terreno sexual de las imágenes. Más allá de que ninguna mujer joven y hermosa deja de sacarse fotos como parte de su rutina ante el espejo (público o privado, vestida o desnuda, para amigas, para amantes o –-como enseñan Facebook e Instagram— sobre todo para sí misma), veinte años de conectividad y optimización de la banda ancha educaron por lo menos a dos generaciones en todas las posbilidades del porno profesional y amateur —hasta que finalmente se homologaron—. Y por eso hoy es más fácil morirse de falta de imaginación en una cama que por ETS. Así que en las imágenes no hay ni se puede ver intimidad, sino todo lo contrario: estandarización, regulación, narcisismo —en cantidades astronómicas— y performance, un combo que sedimenta la espontaneidad sexual hasta neutralizarla.”

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6
“Slavoj Zizek tiene una reflexión interesante: no se trata de que los espacios privados desaparezcan ante el tsunami de imágenes, sino que es el espacio público como tal el que desaparece, sobre todo cuando en esas imágenes se involucra lo sexual. Como en las after sex selfies, la persona que muestra en la red imágenes suyas desnuda o datos íntimos y sueños obscenos —señala Zizek— no es un exhibicionista, y no lo es porque precisamente los exhibicionistas invaden el espacio público. Aquellos que suben su desnudo a una red en realidad se mantienen en su espacio privado y solo lo amplían para incluir a otros.”

7
“Entre la muchas ironías que Samuel Johnson dedicaba a los monarcas, tenía una con la que explicaba que el presente no les dejaba tiempo para preguntarse sobre la posteridad. Lo cierto es que solamente una generación bisagra entre las costumbres de la vida analógica y la vida digital parece preguntarse por la naturaleza de los hábitos en el horizonte cercano ¿Cómo van a transmitir su agonía, por ejemplo, los You Tubers?”

8
“Otra vez: hay un debate largo y monocorde sobre la relación entre la tecnología y al exhibición, pero no sobre la tecnología y las formas en que se reescribe la intimidad, incluida la intimidad de la muerte. Y alrededor de este punto, es probable que se trate nada más que de una cuestión generacional: es comprensible que personas con cierta edad y con cero hábitos y competencias digitales crean que en internet todo es exhibición, de la misma manera que personas de otras edades, con hábitos y competencia digitales distintas, saben muy bien que lejos de haber desaparecido, la intimidad adquirió una nueva gramática.”

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9
“Las 65 millones de imágenes subidas cada día a Instagram y los 300 millones a Facebook —por mencionar dos de las redes sociales mas convocantes de los últimos años— no son testimonios del ímpetu por el registro visual de toda clase de eventos, sino un testimonio de lo rápido que el marco de la imagen se convirtió en la más literal instancia de estructuración y legitimización de la realidad. Y esa renovada simbiosis entre lo visual y lo ontológico insiste con énfasis en un punto: todo lo que está en una imagen es.”

10
“Si esa transformación de los usuarios de la vieja cámara familiar en documentalistas obsesionados por su propia vidas surge de la masificación de las plataformas digitales o si, en cambio, se trata de la consagración de aquello que Andy Warhol anunció a finales de lo años sesenta sobre los 15 minutos de fama universales, continúa siendo motivo de debate. Pero entre la voces más interesantes de esa discusión no se destacan los que siente nostalgia por los tiempos en que cada imagen aspiraba a concentrar algún componente práctico o estético, sino las que interrogan el sentido profundo de esa proliferación y cómo sus efectos reescriben nuestra percepción del mundo.”

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